Francisco Toledo transformó el arte mexicano con un lenguaje que une lo espiritual, lo natural y lo político. Su obra en papel —rica en símbolos, animales y mitología personal— es reconocida internacionalmente. Cada pieza refleja su maestría en técnicas mixtas y su profundo compromiso con la cultura y la preservación de las tradiciones. Tener obra de Toledo es poseer un fragmento de historia.
La obra de César Rodríguez se distingue por su dominio de la encáustica y el óleo, técnicas con las que construye escenas dinámicas, llenas de simbolismo y personajes que parecen surgir de un universo ritual y profundo. Sus composiciones —ricas en color, textura y movimiento— combinan elementos marinos, figuras míticas y paisajes emocionales que invitan a una lectura íntima y sensorial.
Cada pieza captura un instante suspendido entre la realidad y la imaginación, consolidando a Rodríguez como un creador con un lenguaje visual propio y evocador.
Alejandra Villegas crea composiciones complejas donde se entrelazan collage, acrílico y elementos textiles. Su obra, llena de vida y movimiento, explora paisajes interiores y expresiones orgánicas que capturan la mirada. Con piezas de gran formato y un lenguaje visual maduro, Villegas se posiciona como una artista consolidada dentro de la escena contemporánea mexicana.
Con una trayectoria de más de cinco décadas, Vladimir Cora es reconocido por su lenguaje pictórico potente, intuitivo y profundamente expresivo. Su obra abarca pintura y escultura, con piezas que exploran la figura humana a través de texturas ricas, colores vibrantes y un estilo inconfundible. Su trabajo ha sido exhibido en México y el extranjero, consolidándolo como una figura esencial del arte contemporáneo.
La pintura de Soledad Velasco se caracteriza por su riqueza simbólica y su minuciosidad. Sus escenas, delicadas y profundamente narrativas, combinan figura humana, animales y patrones que evocan historias íntimas. Su obra invita a una contemplación pausada, donde cada elemento está cuidadosamente construido para transmitir emoción y profundidad.
El trabajo de Lucio Santiago transita entre el dibujo gestual, la figura y la abstracción, con una energía visual intensa y espontánea. Sus series, como Perseo o Amapola Grana, revelan un discurso pictórico creado a partir de trazos libres, contrastes y una paleta emocional. Su obra destaca por su carácter visceral y su conexión con la expresión humana y mitológica.